El terremoto ocurrido el 12 de julio de 1785 es considerado uno de los acontecimientos naturales más importantes de la historia del antiguo Virreinato de la Nueva Granada. Además de causar graves daños en Santafé de Bogotá y en otras poblaciones de lo que hoy es Colombia, este desastre dio origen al que se considera el primer periódico informativo del país, El Aviso del Terremoto, una publicación que permitió documentar con gran detalle los efectos del sismo, las acciones de reconstrucción y las primeras medidas adoptadas por las autoridades.
En esta crónica conocerá cómo se vivió aquel dramático episodio, cuáles fueron los edificios más afectados, cómo reaccionó la población, qué decisiones tomó el gobierno colonial y por qué este acontecimiento también marcó el nacimiento del periodismo colombiano.
El terremoto que cambió la historia de Santafé de Bogotá
En 1785 ocurrió un fuerte terremoto en Bogotá que también
afectó a otras poblaciones de lo que hoy es Colombia. Gracias a este
acontecimiento conocemos numerosos detalles de lo sucedido en Santafé de
Bogotá, debido a que, pocos días después del desastre, se publicó el primer
periódico del territorio.
Esta publicación, llamada El Aviso del Terremoto, tuvo
únicamente tres ediciones. Aunque eran hojas informativas de pocas páginas, hoy
representan un documento histórico de enorme valor. Incluso, durante muchos
años fueron material de consulta obligatoria para estudiantes de periodismo en
las hemerotecas del país.
A través de estas publicaciones es posible reconstruir,
con notable precisión, cómo se desarrollaron los acontecimientos del 12 de
julio de 1785, cuáles fueron los daños más importantes y cómo reaccionaron
tanto las autoridades como la población frente a una tragedia de semejante
magnitud.
El primer periódico que narró un desastre en Colombia
El contenido de El Aviso del Terremoto se concentra
especialmente en los daños sufridos por los templos religiosos, pues fueron las
edificaciones más afectadas. Las torres presentaron graves averías y varias
espadañas colapsaron durante el movimiento sísmico.
Una de las principales fuentes para conocer este episodio
es la obra del historiador Pedro María Ibáñez, quien recopiló numerosas
crónicas y documentos de la época relacionados con los terremotos ocurridos en
Colombia.
La reconstrucción de estos hechos no fue sencilla, ya que
en aquella época prácticamente no existía prensa que registrara los
acontecimientos cotidianos. Fueron los cronistas quienes dejaron testimonios
que, con el paso del tiempo, permitieron conocer lo sucedido.
Además, una geógrafa realizó un estudio comparando este
terremoto con el ocurrido en Bogotá en 1917. Después de consultar 35 fuentes
documentales, llegó a la conclusión de que el sismo de 1785 pudo haber
alcanzado una magnitud aproximada de 6,9, con un epicentro posiblemente cercano
a La Calera y a poca profundidad.
Estos cálculos fueron realizados a partir de los informes
históricos y de la documentación conservada, lo que permitió estimar tanto la
intensidad del movimiento como la propagación de sus ondas sísmicas.
Por ejemplo, las evidencias indican que ciudades como
Neiva sufrieron graves afectaciones, mientras que en Honda los daños fueron
considerablemente menores. Esto hace pensar que las ondas sísmicas se
propagaron principalmente a lo largo de la cordillera, mientras que hacia el
valle del río Magdalena los efectos fueron mucho más reducidos.
El terremoto todo ocurrió el 12 de julio de 1785.
Lo más interesante de este episodio es que El Aviso del
Terremoto documentó de forma organizada todo lo sucedido. Sus tres ediciones
narran lo ocurrido el día del desastre, las acciones emprendidas durante los
días siguientes y las decisiones adoptadas por las autoridades para enfrentar
la emergencia.
El tercer y último número apareció en agosto de 1785.
Gracias a esta publicación es posible comprender qué
acontecimientos fueron considerados prioritarios en aquellos días. El autor del
periódico no buscaba expresar opiniones personales, sino informar con precisión
sobre los hechos ocurridos.
El primer número describe los edificios destruidos,
algunas de las muertes registradas y la magnitud del desastre, haciendo
especial énfasis en los edificios religiosos.
El segundo número, publicado apenas unos cuatro días
después, cambia el enfoque hacia la reconstrucción de la ciudad. Allí se
analiza de dónde obtener los materiales necesarios, quiénes podían participar
en las obras y cómo debía iniciarse la recuperación de los edificios afectados.
Finalmente, el tercer número reproduce una orden oficial
de la Real Audiencia en la que se establecen medidas para controlar la
especulación con los materiales de construcción y organizar el proceso de
reconstrucción de Santafé de Bogotá.
El templo de Santo Domingo fue el más afectado
Al comenzar el análisis de los daños ocasionados por el
terremoto, resulta evidente que uno de los edificios más afectados fue el
templo de Santo Domingo.
Esta información resulta especialmente interesante porque
demuestra que muchas de las estrategias utilizadas actualmente para enfrentar
los desastres naturales ya se aplicaban, de alguna manera, hace más de dos
siglos. De hecho, este episodio histórico debería ser estudiado por quienes
trabajan en la prevención y atención de emergencias, pues demuestra que el
manejo de los desastres tiene una larga historia y que muchas soluciones
surgieron gracias al sentido común y a la experiencia acumulada.
El templo de Santo Domingo se encontraba donde hoy está
el Edificio Murillo Toro, en la actual carrera Séptima con calle 12, lugar
donde antiguamente se levantaban el claustro y la iglesia del mismo nombre.
La estructura sufrió graves daños. La cúpula resultó
seriamente afectada y la iglesia padeció mucho más que el claustro, por lo que
fue necesario emprender una reconstrucción casi total.
En esas labores participaron varios ingenieros militares
que se encontraban en Santafé de Bogotá, entre ellos Domingo Esquivel, coronel
de artillería que había trabajado anteriormente en Cartagena y que,
casualmente, se encontraba de visita en la ciudad cuando ocurrió el terremoto.
Las autoridades le solicitaron colaborar en la restauración de los edificios
afectados.
Las matemáticas fueron fundamentales para la
reconstrucción
Existe un aspecto muy interesante relacionado con los
ingenieros militares de aquella época.
Su formación estaba profundamente ligada a las
matemáticas, especialmente porque los artilleros debían calcular con precisión
la trayectoria de los proyectiles. Para lograrlo era indispensable dominar
conceptos como la trigonometría, los ángulos, la distancia, el peso del
proyectil, la dirección del viento y muchos otros factores.
Disparar un cañón no consistía simplemente en introducir
una bala y prender la mecha. Era necesario realizar complejos cálculos para que
el proyectil impactara exactamente en el objetivo deseado.
Ese conocimiento matemático también resultó de gran
utilidad para evaluar los daños estructurales provocados por el terremoto y
dirigir la reconstrucción de las edificaciones más importantes de la ciudad.
Así narró el periódico el terremoto de 1785
El primer número de El Aviso del Terremoto comienza
describiendo el momento exacto en que ocurrió el sismo.
Según el periódico:
"Como a las 7:34 de la mañana se percibiese el
terrible movimiento de sur a norte."
A esa hora muchas personas asistían a misa, razón por la
cual varias quedaron atrapadas entre los escombros de las iglesias,
especialmente en el templo de Santo Domingo.
El movimiento principal habría durado aproximadamente dos
minutos, siendo más intenso hacia el final que al comienzo. Poco después se
sintió un segundo movimiento de menor intensidad, correspondiente a una de las
primeras réplicas.
Uno de los datos que más llama la atención es que el
propio periódico realizó una estimación de las pérdidas económicas.
Los daños materiales fueron calculados en 600.000 pesos,
una cifra enorme para la época. Resulta interesante observar que, incluso en el
siglo XVIII, las autoridades ya intentaban cuantificar económicamente las
consecuencias de un desastre natural, del mismo modo que ocurre en la
actualidad.
El periódico señala además que la mayor parte de las
pérdidas afectó a la Orden de Predicadores, debido a los graves daños sufridos
por sus edificaciones religiosas.
Entre ellas se encontraba la iglesia de San Francisco,
cuya torre quedó seriamente averiada. En ella funcionaba el reloj de la ciudad,
el cual tuvo que ser desmontado mientras se realizaban las reparaciones.
La iglesia quedó prácticamente destruida desde el coro
hasta el arco toral, permaneciendo en pie únicamente una de sus tres naves.
Entre los escombros fueron rescatadas con vida una mujer
embarazada y dos hombres que lograron sobrevivir gracias a que quedaron
protegidos dentro del espacio de un confesionario.
Lamentablemente, otras personas no corrieron la misma
suerte y perdieron la vida durante el derrumbe.
La antigua Catedral de Santafé también sufrió graves
daños
Otro de los edificios más afectados por el terremoto fue
la antigua Catedral de Santafé. Sus muros presentaron daños tan severos que,
algunos años después, en 1807, las autoridades decidieron demolerla casi por
completo para construir una nueva.
Este es un dato muy importante desde el punto de vista
histórico, ya que la catedral que hoy contemplamos en la Plaza de Bolívar no es
la misma que existía durante el terremoto de 1785.
Aunque entre 1785 y 1807 se realizaron varias
reparaciones para mantener el templo en funcionamiento, finalmente se concluyó
que el deterioro era demasiado grande y que la mejor solución era levantar un
edificio completamente nuevo.
La nueva catedral comenzó a construirse en 1807 bajo la
dirección del fraile capuchino Domingo de Petrés, quien había llegado
recientemente a Santafé. Sin embargo, el religioso falleció antes de concluir
la obra, por lo que otro constructor se encargó de finalizarla.
Finalmente, la iglesia fue bendecida en 1823, en plena
época de la Independencia. La catedral que actualmente conocemos corresponde
precisamente a esa construcción, aunque posteriormente, durante el siglo XX,
recibió algunas modificaciones, especialmente en sus torres.
Esto significa que la catedral existente en 1785 era la
segunda que había tenido la ciudad, ya que la primera sufrió el colapso de
parte de su estructura hacia la década de 1560.
Procesiones y rogativas para detener los temblores
El convento de San Francisco también resultó seriamente
afectado por el terremoto.
Mientras tanto, el periódico continúa describiendo la
situación del templo de Santo Domingo y explica las primeras decisiones tomadas
por las autoridades religiosas.
Una de ellas consistió en exponer el Santísimo Sacramento
y trasladarlo posteriormente desde la iglesia de La Veracruz en solemne
procesión. Este tipo de ceremonias religiosas también se realizaron en otros
templos de la ciudad.
Como era habitual en aquella época, la población
interpretó el terremoto como un posible castigo divino. Por esa razón
recurrieron a diversos santos considerados protectores contra los movimientos
telúricos, especialmente a San Francisco de Borja.
Los sermones pronunciados durante aquellos días insistían
en el arrepentimiento, la confesión de los pecados y el cambio de vida. La idea
predominante era que el terremoto podía ser una advertencia de Dios y que el
mundo incluso podía llegar a su fin.
Esta forma de interpretar los desastres naturales era muy
común durante los siglos anteriores y ya se había observado en otras tragedias,
como las grandes epidemias ocurridas en Europa durante el siglo XV.
Los colegios y conventos también fueron afectados
El terremoto no solo dañó iglesias y conventos.
Los principales centros educativos de la ciudad, como los
colegios mayores de San Bartolomé, Santo Tomás y El Rosario, también sufrieron
importantes afectaciones en sus edificios.
El periódico insiste especialmente en la necesidad de
atender con urgencia el convento e iglesia de Santo Domingo, pues era la
edificación que presentaba el mayor nivel de destrucción.
Al finalizar el primer número del periódico también se
informa que, para el 14 de julio, los conventos de las monjas de La Concepción
y Santa Clara habían sufrido considerables daños.
Igualmente, se registraron nuevos movimientos de tierra.
Durante la madrugada, aproximadamente a la una de la
mañana, se sintió otro ligero temblor, confirmando que las réplicas continuaban
generando temor entre la población.
Una gran procesión recorrió la Plaza Mayor
El periódico también describe una multitudinaria
procesión organizada alrededor de la Plaza Mayor de Santafé.
En ella fue llevada la imagen de Nuestra Señora del Topo,
que aún hoy se conserva en la Catedral Primada.
La ceremonia estuvo presidida por el arzobispo y contó
con la participación de las imágenes de San José y San Francisco de Borja,
considerado entonces patrono de la ciudad y protector especial contra los
terremotos.
Resulta curioso observar que, en el español utilizado
durante el siglo XVIII, el nombre de San José solía escribirse como San Joseph,
una forma ortográfica propia de la época.
Nace el periodismo colombiano
El 12 de julio de 1785, pocos minutos antes de las ocho de la mañana, Santafé de Bogotá fue sacudida por uno de los terremotos más fuertes de su historia.
Tan solo dos días después comenzó a circular un pequeño periódico titulado El Aviso del Terremoto.
Este hecho es considerado por numerosos historiadores como el origen del periodismo colombiano, ya que fue la primera publicación informativa conocida que apareció en el territorio.
Su propósito era exclusivamente informar sobre los acontecimientos relacionados con el desastre.
Cuatro días más tarde apareció una segunda edición
titulada Continuación al Aviso del Terremoto, en la que, además de actualizar
las noticias, se informaba que hasta el 17 de julio aún continuaban
registrándose nuevos estremecimientos de tierra.
El miedo obligó a muchas familias a dormir al aire libre
La segunda edición de El Aviso del Terremoto informa que, hasta el 17 de julio de 1785, continuaban sintiéndose pequeños movimientos de tierra.
Aunque había transcurrido aproximadamente una semana desde el terremoto principal, muchas familias todavía permanecían fuera de sus viviendas. El temor a que ocurriera un nuevo sismo era tan grande que numerosas personas preferían pasar las noches en carpas o en espacios abiertos antes que regresar a sus casas.
No era una reacción exagerada. Incluso hoy en día, uno de los mayores temores después de un terremoto son las réplicas, ya que pueden provocar el colapso de edificaciones que quedaron debilitadas por el movimiento principal.
Mientras la población intentaba recuperar la calma, las
autoridades comenzaron a concentrarse en un problema igualmente importante: la
reconstrucción de la ciudad.
El gran problema: conseguir materiales para reconstruir Santafé
Uno de los temas centrales del segundo número del periódico fue la dificultad para conseguir los materiales necesarios para reconstruir los edificios destruidos.
En ese momento surgió una realidad que pocos habían considerado.
Santafé de Bogotá había sido fundada en 1539, y para 1785 ya habían transcurrido casi dos siglos y medio de explotación constante de los bosques cercanos.
Durante todo ese tiempo, gran parte de la madera disponible había sido utilizada para la construcción de viviendas, iglesias, conventos y como combustible.
Como consecuencia, en los alrededores de la ciudad prácticamente ya no quedaban bosques suficientes para abastecer las enormes necesidades que exigía la reconstrucción.
Por esta razón fue necesario traer madera desde lugares mucho más lejanos, entre ellos Choachí, Facatativá y otros bosques de la región.
Este detalle demuestra cómo un desastre natural también puede dejar al descubierto problemas ambientales y de abastecimiento que ya existían desde tiempo atrás.
El terremoto permitió descubrir cuáles construcciones eran más resistentes
Otro aspecto muy interesante que menciona el periódico es que el terremoto sirvió para identificar qué sistemas de construcción ofrecían mayor resistencia.
Mientras algunas casas permanecieron prácticamente intactas, otras se desplomaron por completo.
Esto llevó a arquitectos y constructores de la época a sacar importantes conclusiones sobre la calidad de los materiales utilizados.
El periódico señala que uno de los principales errores
consistía en mezclar distintos materiales de construcción, ya que algunos no
trabajaban correctamente entre sí durante un movimiento sísmico.
Entre los materiales más utilizados se encontraban:
El adobe.
El ladrillo.
La teja.
La piedra.
Santafé de Bogotá había sido edificada principalmente con adobe, un material elaborado con barro moldeado y secado al sol, sin pasar por hornos.
Una de sus principales ventajas era que podía fabricarse muy cerca del lugar donde se levantaba la construcción, aprovechando la excelente calidad de las arcillas existentes, especialmente en la zona de San Cristóbal.
En muchas edificaciones religiosas también se utilizaban ladrillos cocidos y baldosas fabricadas en hornos.
Después del terremoto, la recomendación fue clara:
construir utilizando un solo tipo de material y evitar las mezclas, pues estas
aumentaban considerablemente la vulnerabilidad de los edificios durante los
sismos.
La piedra era un material reservado para quienes tenían mayores recursos
Otro de los problemas que enfrentó la reconstrucción fue el elevado costo de la piedra.
Las canteras no se encontraban cerca de la ciudad, por lo que su transporte resultaba costoso y complicado.
Por esta razón, la piedra comenzó a utilizarse principalmente en elementos de mayor importancia, como portones, escaleras y columnas.
En las viviendas particulares, disponer de una entrada construida completamente en piedra se convirtió en un verdadero símbolo de riqueza y prestigio.
En las iglesias, en cambio, este material tenía una
función estructural mucho más importante, especialmente en columnas y elementos
que debían soportar grandes cargas.
El tercer número del periódico
Todos estos temas fueron desarrollados con mayor detalle en el tercer y último número de El Aviso del Terremoto, publicado el 15 de agosto de 1785.
Para entonces, el precio de los materiales de construcción ya había aumentado considerablemente debido a la enorme demanda generada por la reconstrucción de la ciudad.
Precisamente por esa razón, las autoridades coloniales
decidieron intervenir para evitar abusos y proteger a la población afectada.
Las autoridades controlaron el precio de los materiales
El tercer número de El Aviso del Terremoto, publicado el 15 de agosto de 1785, incluye uno de los documentos más interesantes relacionados con la tragedia: una orden expedida por el virrey, el presidente, el regente y los oidores de la Real Audiencia Pretorial y Chancillería de Santafé de Bogotá, encargados del gobierno del Virreinato.
La disposición surgió como respuesta a una preocupación
creciente entre las autoridades. La enorme demanda de materiales para
reconstruir la ciudad estaba provocando un aumento desmedido en los precios,
situación que podía dificultar la recuperación de Santafé y favorecer el abuso
por parte de algunos comerciantes.
El documento señala lo siguiente:
"Vista la representación del síndico procurador general de esta capital, dirigida a que se tomen las providencias más eficaces sobre la alteración de precios de los materiales de adobes, teja, ladrillo, cal y maderas que se intentan aprovechar..."
A partir de esta solicitud, la Real Audiencia decretó una medida contundente.
Quedó prohibido aumentar el precio del adobe, la teja, el ladrillo, la cal, la madera y los demás materiales utilizados en la reconstrucción. Todos debían venderse al mismo valor que tenían antes del terremoto, evitando así la especulación y garantizando que la población pudiera reconstruir sus viviendas y edificios sin enfrentar incrementos injustificados.
En otras palabras, se trató de un verdadero control de
precios, una medida que buscaba impedir que algunas personas obtuvieran
beneficios económicos aprovechándose de la tragedia.
¿Cómo se difundían estas decisiones?
En una época en la que no existían la radio, la televisión ni los medios digitales, las órdenes oficiales debían llegar a la población por otros mecanismos.
El decreto establecía que las disposiciones debían publicarse por bando, siguiendo la costumbre de la época.
Esto significaba que los anuncios eran fijados en lugares públicos, especialmente en las esquinas más concurridas de la ciudad, para que todos los habitantes pudieran conocer las nuevas normas.
Además, la vigilancia de su cumplimiento quedó en manos de los alcaldes ordinarios y de los comisarios de barrio, quienes tenían la responsabilidad de supervisar que nadie incumpliera la orden ni alterara los precios establecidos.
Este documento permite comprender cómo funcionaba la
administración pública durante el período colonial y demuestra que, incluso
hace más de dos siglos, las autoridades ya adoptaban medidas para evitar la
especulación económica después de una catástrofe.
Un terremoto fuerte, pero con pocas víctimas
A partir de los documentos conservados, puede interpretarse que el terremoto dejó aproximadamente nueve víctimas fatales.
Aunque fue un movimiento sísmico muy fuerte y ocasionó enormes daños materiales, el número de fallecidos fue relativamente bajo si se compara con otros grandes terremotos de la historia.
No se registraron cientos de víctimas. Por el contrario, todo indica que las muertes fueron pocas, especialmente si se tiene en cuenta que el terremoto ocurrió cuando muchas personas asistían a misa en las iglesias de la ciudad.
Este dato también ayuda a comprender por qué el periódico
dedicó mucho más espacio a describir los daños sufridos por los edificios que a
narrar la pérdida de vidas humanas.
Los edificios religiosos fueron la principal preocupación
Un aspecto que llama especialmente la atención es el enfoque utilizado por El Aviso del Terremoto.
Si se tratara de un periódico moderno, probablemente el titular principal destacaría el número de víctimas.
Sin embargo, la publicación de 1785 centra casi toda su atención en los daños sufridos por las iglesias, conventos, colegios religiosos y demás edificaciones eclesiásticas.
Las torres derrumbadas, los templos destruidos y los conventos afectados ocupan buena parte de la información publicada.
En cambio, el periódico ofrece muy pocos datos sobre las
viviendas particulares. No es posible establecer con precisión cuántas casas
resultaron dañadas o destruidas, ya que la mayor parte de la atención estaba
concentrada en los edificios religiosos, considerados entonces el corazón de la
vida política, social y espiritual de Santafé.
Un documento indispensable para conocer la historia de Colombia
El terremoto del 12 de julio de 1785, que afectó a Santafé de Bogotá y a otras poblaciones de lo que hoy es Colombia, quedó registrado para la historia gracias a El Aviso del Terremoto, una publicación que comenzó a circular apenas unos días después de la tragedia.
Sus tres ediciones no solo permiten conocer los efectos del desastre, sino también entender cómo reaccionó la sociedad colonial, cuáles fueron las prioridades de las autoridades y de qué manera se organizaron las labores de reconstrucción.
Más de dos siglos después, estas páginas siguen siendo una fuente histórica de enorme valor para investigadores, historiadores y lectores interesados en conocer uno de los acontecimientos más importantes de la historia sísmica y periodística de Colombia.

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